Eldha Caso cerrado de Angelique Pfitzner

No nos engañemos. La oscuridad. Igual que el buen vino al envejecer en barrica de roble, donde reducidas partículas de oxígeno modifican de forma natural su estructura química con el paso del tiempo.
El silencio. Al encender un cigarrillo y disfrutar del sabor adictivo a tabaco negro. A veces incluso irrespirable atmósfera a humo. Pulmones calcinados. Mezcla en alcohol.
Ron. Vodka. Whisky. ¿Qué más da? Vicio. Quemar la garganta en una catarata de placer supremo hasta llegar a la boca del estómago en pesadas gotas amargas.
Suspense. Intriga. Mentiras.
La ética de la crueldad. La violencia en cualquiera de sus formas. Omnipresente en cada frase, página, capítulo. Un ejercicio intenso de encerrar otros muchos comportamientos. Tensión. Sadismo. Humillación. Abandono.
Legado de misterio. Realidad. Ficción. Impotencia. El lado oscuro de la literatura, mortífera, asesina.
A muchos de nosotros nos apasiona el género negro. Sello en nuestra memoria. Extensa narrativa de crímenes con infinidad de variados escenarios, personajes figuras claves, psicología, luces y sombras, espejo de sus actos que salpica en desbordada y salvaje atracción a la lectura.
Novelas impregnadas de contenidos más allá del límite del escritor, más allá de la lógica experimentada por el lector.
Enigmas que han llenado a la gran pantalla del cine en misterio, terror.
Psicópatas con siniestros placeres de lujuria, perversión, sexo.
Novelas policíacas en respuesta a la corrupción, delincuencia, denuncia social.
Cloacas abiertas de rabia y ansias de poder, ambientes aterradores de obsesión, locura.
Debilidades humanas, inseguridad, sientan las bases de la novela negra en un cruce de caminos, tramas judiciales, drogas, perversión. Maldad visceral.

ELDHA. CASO CERRADO.

¿Qué se cuece entre sus páginas?
¿Preguntas?
¿Respuestas?
No olvidéis respirar y coger aire en cada página para templar los nervios.
Una radiografía sin rostro del género negro.